En la segunda mitad del siglo XVIII, el Oporto atravesó un periodo de grandes transformaciones del punto de vista urbanístico y arquitectónico. Bajo la batuta de João de Almada e Melo, se elaboró un plan que supuso la reforma de la ciudad antigua y la reordenación de las zonas que quedaban fuera de las murallas.

La coordinación de los trabajos se debió a la Junta de Obras Públicas, que fueron financiados con recursos obtenidos de un impuesto sobre el comercio de vinos.
La reconstrucción de la Plaza de la Ribeira, la apertura de nuevas calles, y la creación de terrazas con vistas al río, son signos de un nuevo espíritu y del gusto por espacios más amplios e mejor iluminados, en los que la funcionalidad y el disfrute del ocio son los denominadores comunes.
Con la construcción del Hospital de Santo António, uno de los muchos edificios públicos construidos en tiempo de los Almadas, se introdujo en Oporto el noepalacianismo, corriente imperante en aquel momento en Inglaterra.
Este hecho nos da una idea de la grande influencia que tenia la colonia inglesa en Oporto, principalmente a través del cónsul John Whitehead, autor del trazado de otra de las construcciones que sobresalen en esta época, la Factoría Inglesa.
Estos edificios cuentan ya con elementos que serian utilizados más tarde en varias construcciones siguientes, tanto civiles, como religiosas: entresuelos, fachadas de superficie lisa, pórticos y frontones clásicos, ventanas de guillotina.
Para visitar el neo-clásico en Oporto, le proponemos un recorrido de tres horas. Seguimos visitando la Iglesia de La Lapa, donde se encuentra el corazón de Don Pedro.